Alguna vez fue Simone Biles, figura indiscutida de la gimnasta artística mundial, la que sorprendió con sus revelaciones sobre abusos sexuales sufridos por parte del médico del equipo de Estados Unidos. Un caso estremecedor, como tantos otros en esta disciplina. En los últimos meses, el foco de atención de los escándalos se trasladó a los equipos británicos a partir de las denuncias públicas de Amy Tinkler, que consiguió la medalla de bronce en ejercicios de piso en los Juegos Olímpicos de Río 2016 y que en julio pasado confesó “su retiro de la actividad” ante la falta de respuestas de la British Gymnastic por sus denuncias de maltrato. “Decidí retirarme en enero y no fue por una lesión como dijeron, sino por la falta de acción de quienes conducen este deporte ante las denuncias que hice”, dijo de manera tajante.

Pero hubo más. En estos días, Tinkler amplió sus revelaciones: se refirió a las consecuencias sufridas a nivel personal y que la afectaron en la parte emocional en una etapa crucial en el desarrollo humano como la adolescencia. “Me sentía mal, me veía gorda, le preguntaba a mi mamá si ella pensaba lo mismo. La angustia llegó a tal extremo que no podía comer ni siquiera la fruta habitual después de cenar. Y no podía dormir, me quedaba pensando toda la noche, dando vueltas en la cama”, reconoció Tinkler.

¿Qué había sucedido en el camino? Tinkler tenía 16 años en Río 2016, precisamente donde Simone Biles descolló, con cinco medallas conquistas (4 doradas y una de bronce). La atleta inglesa atesoraba muchas ilusiones de concretar una gran carrera. Ilusiones fundamentadas por cierto luego de ese podio en el que sólo fue superada por Biles y por Aly Raisman, también de Estados Unidos. Algo había escuchado sobre el entrenador, Colin Still, de sus tratos a las gimnastas, pero jamás imaginó que estaría tan involucrada. Son deportistas que tienen un cuidado extremo con su alimentación, la dieta, el peso. Necesitan un programa ordenado, casi científico. Se manejan con nutricionistas que les van dictando los pasos y trabajan en conjunto con médicos y, obviamente, entrenadores de equipo. Hasta que un día, en 2017, le fueron filtrados algunos mails cuya lectura la desestabilizó. Justo a ella, que pudo acceder a un podio olímpico y se posicionaba como una de las grandes candidatas para Tokio 2020.

“Enana gorda”. La descripción que Colin Still hizo de ella impactó en su mente. No lo podía creer. No lo podía concebir. El diálogo era del entrenador y la nutricionista. Still estaba preocupado por los números del informe que leía. “Tinkler ya parece un poco pesada”, argumentó. Y cuando la médica le advirtió que no era así, sino que estaba interpretando de manera errónea los datos y porcentajes, contestó: “Bueno, me das una gran noticia entonces. Podré irme a esquiar tranquilo sabiendo que Amy no se está convirtiendo en una enana gorda”, fue la descripción conocida a través del diario The Guardian.

El pensamiento de Still y la confirmación posterior de que la Federación Británica de Gimnasia no atendía los reclamos y las quejas de las atletas desde hacía tiempo motivaron a Tinkler no sólo a dejar la actividad: también a hacer públicos ese correo electrónico y muchos otros. “Por favor, sepan que odio hacer esto público, es injusto para mí y para la gente de la que voy a hablar, pero no veo que se me haya dado otra opción. Quienes conducen la gimnasia británica no han mostrado empatía así que es hora de que su comportamiento sea compartido en público”, denunció.Los comentarios de mi entrenador me hicieron sentir enferma. Lloraba todo el tiempo, le preguntaba todo el tiempo a mi mamá si me veía gorda, no podía dormirAmy Tinkler, gimnasta británica

Las confesiones de Tinkler provocaron un lógico efecto inmediato ante la crudeza de su relato. “Los comentarios de mi entrenador y mi nutricionista me hicieron sentir enferma. Lloraba todo el tiempo. Angustiada, le preguntaba todo el tiempo a mi mamá si me veía gorda. Tantos pensamientos pasaron por mi mente. Es el entrenador nacional, pero ¿por qué diría eso? ¿Qué he hecho para que sea tan malo conmigo?”, se preguntó la atleta.

Y continuó con su descripción del duro momento que le tocó vivir. “Una noche, mamá me preguntó si quería la fruta que normalmente como después de la cena. Le dije que no, que no podía comer, que me sentía mal. Tenía el estómago cerrado. El efecto que me provocó leer esos mails fue tremendo. No sólo no comía bien: el descanso no era el ideal. Me iba a la cama pero no podía dormir. Daba vueltas y vueltas. Mi cabeza también. Angustiada de que pudiera pesar demasiado, de cómo iba a hacer para perder kilos antes de las competencias. ¿Por qué cree que soy una enana gorda? Y si eso lo dicen en un mail, ¿qué más dicen de mi cuando hablar? “

Ante la divulgación de los correos y la denuncia de Tinkler, la Federación Británica de Gimnasia reaccionó. “Un entrenador de esta Federación no debería hablar de esa manera de una atleta. Se ha iniciado una investigación sobre este tema y le pedimos a Amy Tinkler los correos electrónicos originales de 2017 y otra información relevante para ayudar a esa investigación “, anunciaron. Aunque el portavoz de la entidad no quiso especificar si Still sigue siendo parte del equipo nacional, con los Juegos Olímpicos de Tokio a la vista. Y negó que se hubieran encontrado reclamos pendientes de respuesta a los que hizo referencia Tinkler.

El de Tinkler y Still no fue el primer capítulo conflictivo del equipo británico de gimnasia. Hace unos meses hubo episodio con Amanda Reddin, entrenadora nacional, que debió renunciar de manera temporaria por acusaciones sobre su conducta presentadas no sólo por Tinkler: Ru Harrold, por caso, denunció a Reddin de presidir una “cultura del miedo” en los centros de entrenamiento y describió porciones de comida que “la dejaron hambrienta a ella y a sus compañeras”.

Otras medallistas en Mundiales, Becky y Ellie Downie, agregaron: “El comportamiento cruel estaba tan arraigado en nuestra vida cotidiana que se normalizó por completo”. ¿A qué se referían? A golpes por no realizar correctamente las rutinas y entrenamientos desmesurados en los que algunas protagonistas hasta llegaban a retirarse con las manos ensangrentadas. Un capítulo oscuro y que sigue abriendo ventanas de escándalos y miserias.

La Nación

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