El escándalo de abusos en la gimnasia artística​, que desataron los crímenes de índole sexual cometidos por el médico Larry Nassar en Estados Unidos, alcanzó en las últimas semanas dimensiones globales, después de que atletas y ex atletas de varios países, entre ellos Gran Bretaña, Australia, Suiza y los Países Bajos, denunciaran que sufrieron abusos físicos y psicológicos de sus coaches. Esas nuevas acusaciones aumentaron la presión sobre la Federación Internacional de Gimnasia (FIG) para realizar una urgente revisión e introducir cambios en la cultura de entrenamientos tóxicos arraigada en este deporte desde hace años.

En los países de las denuncias ya se abrieron investigaciones propias para examinar los reportes de sus deportistas, pero desde la Real Federación Neerlandesa de Gimnasia (KNGU) reclamaron una reacción inmediata de la FIG, a la que pidieron la realización de un simposio mundial “lo antes posible” para abordar el tema.

En una carta abierta para esa organización internacional, la federación neerlandesa expresó su preocupación por la cultura de entrenamientos que muestra el documental de Netflix “Athlete A”, enfocado en los abusos sexuales​ cometidos por Nassar contra gimnastas estadounidenses, y recalcó que representa un riesgo no solo para la gimnasia del “gigante norteamericano”, sino para todo el mundo de este deporte.

“Queremos aprovechar la discusión global que ha surgido en las últimas semanas para generar un diálogo con la FIG y otras federaciones sobre la necesidad de abordar este desafío a nivel internacional, sistemática y culturalmente. Creemos que actuar sobre este asunto, pensando tanto en el presente como en el futuro, es una responsabilidad compartida hacia nuestros gimnastas”, expresó la KNGU.

Y concluyó: “Proponemos que la FIG organice un simposio para generar un diálogo internacional con todas las federaciones que la conforman, dada la urgencia que tenemos para garantizar un ambiente deportivo sano y seguro a nivel mundial”.

La federación internacional recibió la propuesta con brazos abiertos y destacó la importancia de que las organizaciones nacionales se involucren en la resolución de problemas, en especial cuando se trata de generar mejoras para “la seguridad y el bienestar de los atletas”.

Desde la FIG además recordaron que, a partir del escándalo por los abusos sexuales de Nassar, se creó dentro de ese organismo una Fundación de Ética, que está al tanto de los métodos de entrenamientos a veces inhumanos que se aplican sobre jóvenes gimnastas en algunos lugares del mundo.

“Hemos escuchado suficientes testimonios para saber que existe un problema cultural a nivel de entrenamientos en la gimnasia a nivel internacional. Esto no significa que es universal, hay en el mundo muchos buenos entrenadores. Hablamos de gente que lleva mucho tiempo entrenando gimnastas con buenos resultados, pero con cierta metodología que deberían cambiar o, si no, dejar el deporte“, analizó en una charla con la cadena británica BBC Sports Alex McLin, director de esa comisión de ética de la FIG.

En las últimas semanas, la gimnasia fue sacudida por una serie de denuncias de abusos físicos y psicológicos de atletas de diferentes países.

Amy Tinkler, bronce en suelo de los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016, contó que dejó la gimnasia por el trauma de los abusos. Foto Owen Humphreys/PA

Un grupo de ex gimnastas británicas hizo públicas acusaciones de abusos y maltratos que sufrieron de parte de sus entrenadores, que incluyen desde ser obligadas a entrenarse hasta sangrar, recibir golpes con palos, ser encerradas en armarios y ser sometidas a regímenes de entrenamientos inhumanos, que provocaron daños físicos y mentales.

Inspiradas por sus pares británicas, una docena de gimnastas australianas denunciaron tratos similares en el programa de gimnasia de elite de ese país. Entre las experiencias que contaron aparecen presión para mantener el peso, que llevó a algunas a padecer bulimia, o para entrenarse y competir con lesiones, aún con fracturas de huesos; ser obligadas a realizar ejercicios para los que no estaban preparadas; y vivir en un ambiente tóxico de crítica constante y negatividad.

Similares testimonios brindaron algunas gimnastas de otros países. En Argentina, en tanto, Ayelén Tarabini contó, en una carta en la que anunció su retiro a fines de abril, que sufrió maltrato por parte de sus entrenadores del seleccionado.

Los escándalos de abusos se siguen encadenando. Los atletas ya no quieren seguir callados y es cada vez mayor la presión a la FIG para que actúe.