El lograr cierto nivel de aceptación en la política, los negocios, música o deportes no significa que eres exitoso.

De acuerdo a tu conducta o comportamiento Dios te esta observando y te va aumentando el nivel de esa luz momentánea que te va bendiciendo y haciéndote popular, si te mantienes humilde, sensible, solidario, buena gente, amigable, prudente, respetuoso y tienes disciplina, gratitud y sencillez.

Además actúa con inteligencia y tú agente, representante o asesor tiene una visión que sea capaz de ayudarte a crecer eso es muy correcto. Pero, si por mala suerte ese amigo, asesor o manejador tiene un alto nivel de engreimiento, prepotencia, arrogancia y cree sabérselas todas, te creará un ambiente muy tóxico, negativo y te hundirá porque tú serás contagiado por él.

Si impones tu sapiencia, sabiduría, escuchas a tu madre, tus familiares y amigos de infancia y no se te llena el caco de humo encontrarás menos obstáculos y los rayos de luz serán más intensos en tu camino hacia la auténtica y sólida cima de la permanencia en el éxito donde solo llegan los tocados para ser eternos y terminar como icono, monumento, mega estrella y muchos otros títulos superlativos por su buen accionar, talento y carisma.

Pero, si por lo contrario te crees que eres un tren sin frenos, un invencible, un matatán, el más mejor, te embriagas de odio, ira, prepotencia, arrogancia, envidia, egoísmo, petulancia, fama, poder, popularidad, te crees tener el éxito agarrado, se te llena la cabeza de mierda y pus, termina como el famoso olor de algo huele mal en Dinamarca. Donde quiera que llegue tu presencia es NO grata por ese olor a huevo huero o a vertedero putrefacto.

Sólo Dios podrás hacer el milagro del perdón para que puedas encontrar el camino por donde transitan los humildes y encuentres el agua y el jabón con la que deberás bañarte mucho para ver si la sociedad te ayuda a salir del hoyo lleno de lodo podrido.

Todos los seres humanos tienen derecho a cometer errores, a reivindicarse, pedir ayuda, perdón y ser perdonado. Para eso tienes que bajar ese nivel tan alto de endiosamiento, prepotencia y entrar en la humildad.

Que Dios se apiade de ti, te ponga los pies sobre la tierra mi querido amigo que se te olvidaron los 12 años de darte la manos cuando teníaa el agua al cuello. Yo te perdono en nombre de mi hermano y amigo Juan de Dios Soriano Ventura que nunca guardó rencor ni odio a sus detractores y francotiradores.

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