Cinco millones de australianos están de nuevo confinados este jueves y la pandemia sigue acelerándose en Estados Unidos, donde ya se superaron los tres millones de casos, y Brasil, con 1,7 millones de infectados, entre ellos su presidente, Jair Bolsonaro.

En todo el mundo más de 12 millones de personas ya han resultado infectadas, casi la mitad de ellas en América Latina y Estados Unidos, según un recuento de la AFP el jueves.

El país más afectado sigue siendo Estados Unidos, con 3.055.101 contagios y 132.309 decesos, y Brasil, con 1.713.160 casos y 67.964 muertes.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) advirtió el jueves que las “divisiones” de la comunidad internacional hacen que el coronavirus “gane terreno”.

“No podremos derrotar a la pandemia si estamos divididos”, declaró Tedros Adhanom Ghebreyesus, el director general de la organización.

Frente al avance de la enfermedad, Melbourne, la segunda ciudad más grande de Australia, decidió imponer de nuevo el confinamiento, pocas semanas después de haber levantado las restricciones.

“La idea de no poder ver a la gente que quieres y por la que te preocupas es angustiante”, dijo entre lágrimas Monica Marshall, una residente de Melbourne, cuya madre de 91 años entró recientemente en un hogar para ancianos.

Sin vacuna ni tratamiento efectivo disponible, los expertos consideran necesaria el distanciamiento social para contener el virus, pero esa medida genera rechazo en muchas partes del mundo, por falta de información y por sus costes económicos

En Melbourne los compradores vaciaron los supermercados y la principal cadena impuso restricciones a la venta de algunos productos.

En Europa, donde muchos países lograron controlar su brotes, Francia dijo que sigue en alerta por un posible rebrote.

El nuevo primer ministro, Jean Castex, prometió sin embargo que no se volverá a imponer un confinamiento tan duro como el anterior. “Hemos aprendido que las consecuencias económicas y humanas de una cuarentena total son desastrosas”, declaró.

– “Necesitamos llorar juntos” –

El presidente brasileño Bolsonaro tuiteó el miércoles que “gracias a Dios, viviré aún mucho tiempo”, tras defender una vez más el uso de la polémica hidroxicloroquina para tratar la enfermedad.

En Brasil, la covid-19 coloca a los indígenas de la amazonía ante la encrucijada de permanecer en la aldea, con pocos recursos médicos, o ir a la ciudad arriesgándose al contagio y al desarraigo cultural.

“Quiero llevar el cuerpo de mi hijo a mi aldea (…), necesitamos llorar juntos”, dijo a la AFP Lucita Sanoma a través de un interprete.

Su bebé de dos meses falleció el 25 de mayo y fue enterrado con sospecha de coronavirus en Boa Vista, a más de 300 km de su hogar, sin que ella estuviera al tanto, contrariando su cultura yanomami, que crema a sus difuntos.

En Estados Unidos, el presidente Donald Trump se enfrenta por su parte a sus propios expertos, criticando el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades por recomendar una reapertura de escuelas que el jefe de Estado considera demasiado restrictiva.

Responsables locales de Estados Unidos están intentando contener el virus, que suma miles de casos cada día y varias ciudades y estados tuvieron además que dar marcha atrás en sus medidas de reapertura.COVID-19: balance mundial

– Caos en Belgrado –

Belgrado, la capital de Serbia, vivió una segunda noche de disturbios por los enfrentamientos entre policía y manifestantes.

El centro de la ciudad estaba lleno de humo y se vieron escenas de violencia como la primera noche de disturbios, cuando miles de personas protestaron por la obligación del confinamiento.

“El gobierno solo quiere proteger sus intereses”, dijo Jelina Jankovic, de 53 años, una de las manifestantes. “La gente son daños colaterales”.