El general Min Aung Hlaing habló públicamente por primera vez desde que el Ejército de Myanmar asumió el poder hace una semana y justificó el golpe de Estado. En un discurso de 20 minutos emitido por la televisión pública ‘MRTV’, reiteró la promesa de la junta militar: realizar elecciones y reconocer al ganador como el próximo gobernante civil de Myanmar. Mientras, el país vivió su tercera jornada consecutiva de protestas. 

Min Aung Hlaing, el jefe de la junta militar de Myanmar, reiteró la misma postura que ha defendido la Fuerza Pública desde noviembre: sostuvo sin pruebas que las elecciones de ese mes fueron fraudulentas. El militar golpista aseguró que, aunque “los anteriores comicios de 2010 y 2015 fueron justos y libres”, los del año pasado “estuvieron repletos de irregularidades” y afirmó que una prueba de ello fue la alta participación registrada a pesar de la pandemia. El uniformado agregó que había por lo menos 200 denuncias de fraude electoral y prometió investigarlas.

Fue así como criticó los resultados que le dieron una victoria abrumadora a Aung San Suu Kyi, líder de la Liga Nacional para la Democracia (NLD, por sus siglas en inglés). La política fue detenida por los militares y ahora está en arresto domiciliario. En vez de hablar de la situación de la líder de gobierno, el jefe de la junta militar justificó el golpe de Estado y dijo que este fue “inevitable” ante lo ocurrido en los comicios.

El tercer día consecutivo de protestas contra el golpe de Estado

En su anuncio, el jefe del Ejército también pidió a los ciudadanos que permanezcan “unidos como país” y que se fijen “en los hechos y no en las emociones”. Esa fue su manera de intentar calmar los ánimos que han llevado a miles de birmanos a protestar en las calles de Myanmar e incluso en otros países.

El clamor central de las manifestaciones es que vuelva la democracia y que los militares liberen a los políticos que detuvieron. Y ese fue el mismo llamado que hicieron hoy en la capital birmana, Naypyidaw, cuando se cumplieron tres días consecutivos de protestas. Multitudes de manifestantes corearon consignas contra el golpe de Estado y le dijeron a la policía que deberían servir a la gente y no al Ejército, pero la fuerza pública respondió disparándoles con cañones de agua.

Las manifestaciones se extendieron a más de seis estados, según la Asociación de Asistencia para Presos Políticos en Myanmar (en inglés, Assistance Association for Political Prisoners). El organismo independiente también apunta a que las autoridades han detenido a 165 personas desde el inicio del golpe de Estado el 1 de febrero. Entre los retenidos se cuentan líderes políticos y jóvenes activistas.

La comunidad internacional ha rechazado los últimos acontecimientos. Uno de los comentarios más recientes fue el que hizo Dominic Raab, secretario de Relaciones Exteriores de Reino Unido. En cuenta de Twitter, el funcionario dijo: “Hoy, Reino Unido y la Unión Europea han convocado una Sesión Especial del Consejo de Derechos Humanos de la ONU en Myanmar el jueves. Condenamos el golpe en Myanmar y la detención arbitraria de políticos electos y la sociedad civil por parte de los militares”.

Un llamado similar hizo Christine Schraner Burgener, el enviado de la ONU para Myanmar. Aunque el funcionario explicó que era necesario que el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas convocara a una reunión de emergencia para garantizar que “la democracia se restaure rápidamente”, el organismo no respondió públicamente a la petición. Esto a pesar de que dicha entidad es el organismo más poderoso de la ONU y de que los cinco países que tienen un asiento permanente (Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido) son los encargados de velar por el mantenimiento de la paz y la seguridad internacional. 

Entretanto, los militares siguen endureciendo sus acciones. Inicialmente, el Ministerio de Transportes y Comunicaciones les ordenó a todos los proveedores de servicios que bloquearan el acceso a las redes sociales Facebook, Instagram y Twitter; y luego cortaran el Internet en todo el país. Ahora, el gobierno militar impuso un toque de queda en las dos ciudades más grandes del país.

Ante ola de protestas ordenan toque de queda nocturno y reuniones limitadas

La junta militar emitió este lunes dos decretos que imponen restricciones de movilidad en Rangún y Mandalay. Allí habrá un toque de queda que prohíbe que cualquier persona salga a la calle entre las 20:00 y las 4:00 (hora local). Además, el gobierno a cargo del Ejército prohibió los mítines, las concentraciones y las procesiones motorizadas donde participen más de cinco personas.

Por ahora esas decisiones no tienen un límite de tiempo pues los decretos, conocidos por la agencia AP, señalan que las medidas se aplicarán hasta nuevo aviso. Las autoridades justificaron las restricciones asegurando que fue en respuesta a las acciones “ilegales” durante las manifestaciones.

La misma agencia de noticias agrega que las autoridades han emitido por lo menos siete decretos similares para otros municipios y que se espera estas restricciones también se apliquen en otras áreas del país.

El jefe militar quiere que los rohingyas regresen al país del que se desplazaron forzosamente

El general Min Aung Hlaing dijo que su gobierno manejará la pandemia del Covid-19 y restaurará el crecimiento económico con la misma línea internacional que ha tenido Myanmar. “Mientras salvamos el país durante un tiempo, no cambiaremos ninguna política exterior, administrativa o económica. Seguiremos como antes”, apuntó.

El veterano militar se refirió implícitamente a la situación de la minoría musulmana de los rohingyas. Sin mencionarlos, dijo que estaba trabajando con las autoridades de Bangladesh para que fueran repatriados “lo antes posible”.

En 2017, más de 700.000 rohingyas huyeron de Myanmar por la persecución en su contra, donde no los reconocen como minoría y los han perseguido hasta la muerte. Incluso, la Corte Internacional de Justicia ordenó a los militares y a grupos armados irregulares tomar medidas concretas para proteger a los rohingyas.

Actualmente, la mayoría de los miembros de este grupo están refugiados en Bangladesh. Pero Min Aung Hlaing quiere que esto cambie y que los rohingyas regresen al país del que huyeron. “Continuaremos los preparativos desde nuestra posición sobre los desplazados en Bangladesh de acuerdo con los acuerdos bilaterales”, expresó. 

Con AP, EFE y Reuters